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Verano

Regular los Vehículos de Movilidad Personal en Gandia

Escrito por ondanaranjacope 17-08-2017 en Editorial. Comentarios (0)



Poco a poco han ido proliferando. Primero como regalo de Reyes o Cumpleaños y últimamente como modelo de diversión. Se trata de los artefactos eléctricos, desde patinetes unipersonales hasta motocicletas, que van llenando poco a poco las calles de Gandia y, sobre todo, la playa durante este verano. Es cierto que desde hace un par de años ha habido un aumento considerable directamente proporcional a la disminución de la educación vial para conducir los mismos.

Pitos, juergas, móviles en la mano, invasión de carriles, en sentido prohibido… parece que todo vale para utilizar estos vehículos que ya han comenzado a generar las primeras críticas entre los peatones y turistas. Y como suele ocurrir en este tipo de casos, el legislador llega tarde y mal.

La playa de Gandia se ha convertido en un auténtico circuito de carreras de motos eléctricas que, haciendo sonar sus bocinas, advierten a todo quisqui que tiene la obligación de apartarse. Y como suele ser habitual en la mayoría de casos se trata de jóvenes que circulan en ellos por pura diversión. Peor es el caso cuando padres llevan a sus hijos o mascotas entre las piernas a bordo de estos chismes.

Este verano ya se ha abierto el debate sobre la regulación de estos vehículos pero parece ser que la administración mira para otro lado lo que contrasta a veces con la rapidez en legislar otros menesteres. Así pues, habría que copiar a la alcaldesa Ada Colau quien, a golpe de decreto, plantó cara a lo que estaba siendo un desmadre en su utilización por Barcelona y también por sus playas. Un decreto dado que las competencias son municipales y, más tarde, con tranquilidad y asesorados por expertos su homóloga en Gandia, Diana Morant, comenzar a ver qué ocurre con estos vehículos de movilidad personal y qué encaje tiene en una ordenanza.

Esperemos que lo que resta de verano no tengamos que ser noticia por algún incidente entre moteros eléctricos y turistas como antaño ocurría con los manteros y la policía siendo apoyados los primeros y jaleados los segundos. Cuando un artefacto eléctrico de estos, conducido por un joven que pueda o no ir ebrio, atropelle a alguien en pleno paseo Marítimo Neptuno será tarde para actuar y legislar. Y sí. Es competencia municipal y por eso no se debería dejar el tema para largos meses, habida cuenta que ya comienzan a proliferar también durante el invierno por el paseo de las Germanies y la calle Major. Muchos peatones, seguramente lo agradecerán. Un servidor, uno de ellos.


Miguel Pérez.


El otro “turismo”

Escrito por ondanaranjacope 03-08-2017 en Editorial. Comentarios (0)



Ya lo denunciábamos hace unos meses, la situación que están viviendo los vecinos de Kentucky no tiene visos de aguantar mucho más tiempo.

La urbanización se encuentra en la Playa de Gandia, junto a la marjal, en una ubicación idílica pese a estar dividida por la Nazaret – Oliva. Su entorno, las construcciones de baja densidad y su entorno natural hace que sea una zona idílica, si no fuera porque la urbanización de la zona ha sido, como casi todas, conflictiva y porque la crisis golpeó a la urbanización en plena fase de construcción y eso ha hecho que muchas de las casitas o chalets unifamiliares hayan quedado vacíos.

Esto ha sido aprovechado por muchas personas que han decidido ocuparlas y vivir en ellas.

Ya se que muchos estarán pensando aquello de: “ si no tienen casa y pueden vivir en unas casas que no tienen dueños, ¿por qué no?”, y seguramente no estaría en contra de la medida si las viviendas no tuvieran un propietario legítimo, pero sobre todo si no fuera porque las personas que ocupan estas vivienda son plenamente conscientes de que no son suyas y por tanto no solo no hacen nada por cuidarlas, sino que hacen justo lo contrario. Acumulación de basuras, destrozos en las propiedades, alborotos, peleas, enfrentamientos con los vecinos que legítimamente viven en la zona y todo esto ante la falta de solución por parte del Ayuntamiento.

Se había anunciado la posibilidad de actuar, los vecinos confiaban en que así fuera, evitando robos e inseguridad en la zona, pero lo cierto es que no se ha cumplido y ahora, con las altas temperaturas, la llegada de turistas a la Playa y el aumento de población, la situación se ha convertido casi en límite y la zona parece un polvorín a punto de estallar.

Todo esto en una época ya de por sí complicada por el aumento de la población y también por el tipo de turismo que recibimos.

Dicen que no se trata de llenar la playa, sino de conseguir que el turismo que venga sea de calidad, dejando una buena cantidad de dinero en su estancia, y ahí es donde no cuadran determinadas actitudes.

Se arremete contra el turismo denominado de “borrachera”, es decir, el grupo de jóvenes que viene a Gandia a pasar un fin de semana de desenfreno y se busca un turismo familiar y si se enfocara bien, no me parecería tan mal. No, no estoy de acuerdo con fomentar el desenfreno y consumo desmedido de alcohol y demás entre los jóvenes, pero parece que nadie se ha percatado de que son grupos de jóvenes que, si bien es cierto vienen sólo dos o tres días, su gasto medio por persona es más que elevado, llegando a superar los 400 euros en un fin de semana. El turismo familiar que recibimos actualmente consiste en hasta tres autobuses por domingo que llegan a desembarcar en la Playa los domingos con sus ocupantes equipados de neveras y similares y que llenan pero tiene un gasto medio inferior a los 10 euros por persona en Gandia.

Llenan los dos, pero claramente no son igual de rentables.

Y en esto, algo debe estar pasando cuando el gobierno de Gandia ha decidido plantear una moratoria de un año para aquellos propietarios de bajos comerciales que deciden reconvertirlos en viviendas.

Parece el mundo al revés, bajos comerciales que no funcionan y se reconvierten para disfrutarlos o rentabilizarlos como apartamentos turísticos.

¿Cómo es posible que un comercio o establecimiento de servicios prefiera cerrar en una zona en la que se supone que recibimos mucho turista y con un alto poder adquisitivo prefiera cerrar?

O de repente a todos les sobra el dinero, o claramente el turismo ha dejado de ser negocio en la Playa de Gandia.


Una de verano

Escrito por ondanaranjacope 07-07-2017 en Editorial. Comentarios (0)


Con la llegada del verano, lo más típico son las vacaciones. Un momento para poder disfrutar, divertirnos, viajar, relajarnos y hacer cosas que habitualmente no hacemos bien por falta de tiempo, por exceso de estrés y responsabilidades o porque nuestro lugar de residencia habitual no nos lo permite. Pero cuando llegan las vacaciones, sobre todo si nos lo podemos permitir, nos reservamos una serie de actividades para el disfrute y nos parece que todo vale y que si está extendida su práctica, será porque es adecuada.

Pero nada más lejos de la realidad, prueba de ello es lo que ocurre con los tradicionales patinetes de playa. Esos que, al menos en la Safor han sido siempre azules, o alguno naranja, pero que consistía en una barca a pedales, que nos permitía adentrarnos en el mar, siempre sin sobrepasar las boyas marinas y que te proporcionaban una sensación de libertad que esperabas poder vivir cada verano, incluso cuando ya habías pasado la adolescencia, era una de esas sensaciones que querías recuperar.

Ahora, todo evoluciona, y se han puesto de moda unos nuevos patinetes, los que llevan incorporado el tobogán, lo que los hace mucho más atractivos a los ojos de los pequeños, que los piden incesantemente desde que se inicia la temporada de playa, el problema es que estas instalaciones no son lo seguras que eran antaño y lo peor, nadie parece advertirlo.

Los accidentes de verano suelen gastar malas bromas, y sino fíjense en lo que nos ha contado un seguidor en el artículo de la página 3, lo que resulta curioso es que la mayoría de nosotros no sabemos nada de la inestabilidad de los patinetes con tobogán, de los problemas que presentan a la hora de regresar a la costa en días de viento, como hemos podido comprobar en el informe de Cruz Roja sobre las atenciones prestadas el pasado año de salvamento y socorrismo, y aunque es cierto que siempre se nos insiste en que tengamos cuidado a la hora de lanzarnos al agua en verano, ya sea en el mar o en la piscina, para evitar accidentes vertebrales, lo cierto es que nadie se para a pensar que las escaleras de estos patines son una lanzadera inestable y peligrosa para los adolescentes, que son los que suelen alquilar estos patinetes y que por su edad, y eso a todos nos ha pasado, creen que ellos pueden con todo, que pueden hacerlo todo y que nunca les va a pasar nada.

No, no se trata de alarmar a los ciudadanos, ni tampoco de perjudicar a las empresas que se dedican a la gestión y alquiler de dichos artefactos pero sí de reclamar a la administración que ponga más empeño en el cuidado de sus administrados. Estoy segura que si estos patines están al alcance del público es porque habrán cumplido con normativas y demás, por lo tanto, lo que habrá que hacer es revisar dichas normativas, porque lo lógico es pensar que si están ahí y se les permite y se les cobra por estar ahí y prestar un servicio es porque son seguras al 100%, por eso resulta curioso que cuando empiezas a preguntar a expertos en estas cuestiones, cuando les preguntas a los que se encargan de la vigilancia y salvamento de las playas, lo único que te dicen es que no deberían estar permitidos porque por muy experto que seas en su manejo, en días de viento, lo más probable es que acabes pidiendo auxilio porque por más que pedalees no puedes salir de la corriente.

Y es que llama mucho la atención el interés de las administraciones en general a la hora de recaudar y el poco interés que en otras muchas ocasiones muestran por mejorar la seguridad de sus administrados y garantizarles el bienestar, hasta cuando están sobre un patinete de playa.

De ruidos y normativas

Escrito por ondanaranjacope 19-05-2017 en Editorial. Comentarios (0)


A veces parece que las cosas se repiten de manera cíclica e idéntica, pero no es así. Eso va a pasar este verano en la Playa de Gandia y todo gracias a las quejas y denuncias que una vecina presentó el pasado verano a través de este mismo periódico y nuestra emisora COPE Onda Naranja porque se estaban llevando a cabo obras en la Playa en pleno verano, obras que generaban un ruido que les impedía realizar una vida normal. No solo les resultaba prácticamente imposible dormir, mantener una conversación normal o incluso ver un rato la tele se convertía en algo casi imposible.

Ante el asombro de propios y extraños descubrimos que pese a que todo el mundo pensaba que Gandia tenía una normativa similar a la de otras localidades turísticas sobre las restricciones de obras en temporada alta, que no era así.

La polémica suscitada por aquella queja y situación kafkiana que se vivía en la Playa en verano obtuvo respuesta el pasado mes de diciembre al aprobarse una nueva normativa que, ahora sí, prohíbe las obras en periodo estival.

Toda moneda tiene dos caras y toda normativa ha de tener su excepción. Este caso no es diferente sobre todo si tenemos en cuenta que Gandia no solo es una ciudad que pretende ser turística, sino que además la mayoría de apartamentos de la Playa, la inmensa mayoría, no son turísticos, sino segundas residencias. Vamos, que sus propietarios solo los ocupan en verano, lo que significa que solo en verano pueden detectar los desperfectos o problemas que se dan en las viviendas con el paso del tiempo por el uso o el desuso, vamos, que solo pueden acometer las reparaciones o reformas cuando están en Gandia que es en el periodo vacacional.

Esto en principio también está contemplado en la norma, de tal manera, que las obras menores, siempre bajo una supervisión técnica, si cumplen con una serie de normas se van a poder desarrollar a partir de ahora, pero las que superen una serie de decibelios o impliquen la intervención de camiones o maquinaria pesada deberá esperar a que los turistas se vayan.

No debemos olvidar que somos un municipio turístico, que pretende ampliar el periodo de estancia de los turistas, o lo que es lo mismo, la desestacionalización turística, eso que es tan difícil de pronunciar y todavía más de conseguir, sobre todo para un destino que se basa fundamentalmente en una oferta de sol y playa.

No puedo evitar el pensar que la victoria de esta vecina no deja de ser pírrica, sobre todo porque nos expone a dos peligros. Por un lado a un técnico o funcionario tan extricto que no permita ningún tipo de obra en ningún piso, apartamento o local, lo que suponga una situación tan complicada que haga pensar al propietario que es mucho mejor no venir a Gandia que tener que enfrentarse a este tipo de molestias o por el contrario, el que aplique la normativa con tanta laxitud que se permita prácticamente todo tipo de obra y horario, con lo que estaríamos casi en la misma situación que la denunciada.

En esto, como en otras muchas cosas, en el centro está la virtud. Complicada tarea cuando son tantos los intereses económicos que se mezclan con la acción turística. Si al final conseguimos que la temporada turística no ocupe solo 5 ó 6 semanas al año, si vamos alargándola hasta conseguir que la misma vaya desde mayo hasta noviembre, la renovación necesaria de determinados edificios, instalaciones, viviendas o bloque va a ser prácticamente imposible, con lo que nos encontraríamos con serios problemas para mantener la calidad en la oferta.

Claro que también me resulta curioso a quién importó y afectó la queja de nuestra oyente y lectora, porque aquellos que claman contra el ruido provocado por el ocio, los veraneantes y locales comerciales, no se mostraron tan preocupados por lo que puede suponer convivir con obras durante un determinado periodo de tiempo.

Curioso

En todo caso, hoy lo que quiero es celebrar el espíritu de la norma y sobre todo, que en esta ocasión los medios de comunicación pudimos cumplir con una de nuestras misiones, ser la voz de los más pequeños para conseguir que sus reivindicaciones sean atendidas.


Las obras en verano, en la playa y en invierno, en la ciudad

Escrito por ondanaranjacope 19-08-2016 en Editorial. Comentarios (0)


Comenzaba el verano de 2016 y en Cope-Onda Naranja, allá por el mes de junio, les hablábamos de los problemas que, a diario, estaban sufriendo unos vecinos de la calle del Mare Nostrum, en pleno casco antiguo de la playa de Gandia. Ni caso. Hasta que no llegó y publicamos el vídeo de “tacatacataca” del martillo percutor nadie hizo caso a estos oyentes y seguidores de esta casa. Ahí se destapó esa supuesta ordenanza que nunca apareció pero que todos tenían claro que existía o al menos, ese tácito acuerdo para que en temporada alta no se realizaran obras mayores en la playa de Gandia. La empresa, lógicamente tenía los permisos, y el Ayuntamiento de Gandia los había concedido. Pero esto sirvió para preguntarnos si realmente se podían o no hacer obras mayores en temporada estival en la playa. El Gobierno actuó y al menos dijo que, en aras del diálogo iba a tomar cartas en el asunto.

Un mes después, en julio, un vecino de Beniopa que veranea en la zona del parque de Sant Felip, se le ocurrió criticar que a las 7.30 de la mañana las hormigoneras comienzan a trabajar en el depósito de pluviales que hay en la calle Alcoi, en el Grau poco antes de Rosa dels Vents. Pronto recibió un aluvión de críticas. Como si solo aquí el ruido que importara en la playa es el escándalo de los jóvenes y no el de las máquinas perforadoras u hormigoneras. Como si sólo este tipo de ruido diera puestos de trabajo y el otro no. Pero es otro tema.

En este segundo episodio de ruidos por obras en verano, ahora en agosto, se han sumado más vecinos y el PP le ha querido colorear la cara a la alcaldesa Diana Morant diciéndole que ha incumplido lo acordado en el pleno de no autorizar obras públicas en plena temporada turística. El Gobierno de Morant ha respondido que, éstas son necesarias dado que deben estar listas para recibir el próximo 8 de septiembre el final de la etapa de la Vuelta Ciclista a España. Y que no se podían retrasar. No sé si el final de etapa acaba aquí en este depósito de pluviales con badenes en primera línea y calles de alrededor, o si finaliza en la recta del Restaurante Boga en la Nazaret Oliva. No tengo ni idea, pero lo que los vecinos sí saben es el veranito que han tenido que aguantar.

Y ahora es cuando uno se pregunta ¿por qué llevan meses paradas las obras de remodelación del parque Ausiàs Marc en pleno recinto ferial? Cuando la ciudad emigra a la playa y queda solitaria es buen tiempo para acometer este tipo de obras. Si repasan la hemeroteca verán que en octubre de 2015 se dio a conocer las obras. Éstas se iniciaron durante las fiestas de Navidad y Reyes. Y ahí siguen, viendo pasar el tiempo.

Y llegó Fallas y Semana Santa. Luego Comuniones y el verano. Ahora, cuando faltan poco más de tres semanas para que los primeros trailers de la Feria y Fiestas de Gandia aparezcan por el recinto ferial, las obras siguen paralizadas e igual que antes del verano. Eso sí, las obras volverán a la ciudad, como las golondrinas, pero lo harán lógicamente este otoño o este invierno. Así ya no molestarán en la playa.

MIGUEL PÉREZ