El otro “turismo”

Escrito por ondanaranjacope 03-08-2017 en Editorial. Comentarios (0)



Ya lo denunciábamos hace unos meses, la situación que están viviendo los vecinos de Kentucky no tiene visos de aguantar mucho más tiempo.

La urbanización se encuentra en la Playa de Gandia, junto a la marjal, en una ubicación idílica pese a estar dividida por la Nazaret – Oliva. Su entorno, las construcciones de baja densidad y su entorno natural hace que sea una zona idílica, si no fuera porque la urbanización de la zona ha sido, como casi todas, conflictiva y porque la crisis golpeó a la urbanización en plena fase de construcción y eso ha hecho que muchas de las casitas o chalets unifamiliares hayan quedado vacíos.

Esto ha sido aprovechado por muchas personas que han decidido ocuparlas y vivir en ellas.

Ya se que muchos estarán pensando aquello de: “ si no tienen casa y pueden vivir en unas casas que no tienen dueños, ¿por qué no?”, y seguramente no estaría en contra de la medida si las viviendas no tuvieran un propietario legítimo, pero sobre todo si no fuera porque las personas que ocupan estas vivienda son plenamente conscientes de que no son suyas y por tanto no solo no hacen nada por cuidarlas, sino que hacen justo lo contrario. Acumulación de basuras, destrozos en las propiedades, alborotos, peleas, enfrentamientos con los vecinos que legítimamente viven en la zona y todo esto ante la falta de solución por parte del Ayuntamiento.

Se había anunciado la posibilidad de actuar, los vecinos confiaban en que así fuera, evitando robos e inseguridad en la zona, pero lo cierto es que no se ha cumplido y ahora, con las altas temperaturas, la llegada de turistas a la Playa y el aumento de población, la situación se ha convertido casi en límite y la zona parece un polvorín a punto de estallar.

Todo esto en una época ya de por sí complicada por el aumento de la población y también por el tipo de turismo que recibimos.

Dicen que no se trata de llenar la playa, sino de conseguir que el turismo que venga sea de calidad, dejando una buena cantidad de dinero en su estancia, y ahí es donde no cuadran determinadas actitudes.

Se arremete contra el turismo denominado de “borrachera”, es decir, el grupo de jóvenes que viene a Gandia a pasar un fin de semana de desenfreno y se busca un turismo familiar y si se enfocara bien, no me parecería tan mal. No, no estoy de acuerdo con fomentar el desenfreno y consumo desmedido de alcohol y demás entre los jóvenes, pero parece que nadie se ha percatado de que son grupos de jóvenes que, si bien es cierto vienen sólo dos o tres días, su gasto medio por persona es más que elevado, llegando a superar los 400 euros en un fin de semana. El turismo familiar que recibimos actualmente consiste en hasta tres autobuses por domingo que llegan a desembarcar en la Playa los domingos con sus ocupantes equipados de neveras y similares y que llenan pero tiene un gasto medio inferior a los 10 euros por persona en Gandia.

Llenan los dos, pero claramente no son igual de rentables.

Y en esto, algo debe estar pasando cuando el gobierno de Gandia ha decidido plantear una moratoria de un año para aquellos propietarios de bajos comerciales que deciden reconvertirlos en viviendas.

Parece el mundo al revés, bajos comerciales que no funcionan y se reconvierten para disfrutarlos o rentabilizarlos como apartamentos turísticos.

¿Cómo es posible que un comercio o establecimiento de servicios prefiera cerrar en una zona en la que se supone que recibimos mucho turista y con un alto poder adquisitivo prefiera cerrar?

O de repente a todos les sobra el dinero, o claramente el turismo ha dejado de ser negocio en la Playa de Gandia.