De Semana Santa

Escrito por ondanaranjacope 30-03-2016 en Editorial. Comentarios (0)

Casi sin darnos cuenta, hemos pasado de la semana de fallas, a la Semana Santa, una transición tan rápida y breve que nos ha dejado en las calles imágenes tan variopintas y particulares como la que ilustra esta página, con los cofrades en la procesión del domingo de ramos y la imagen de la Virgen de los Desamparados de los falleros presidiendo la Plaza del Ayuntamiento.

Esta coincidencia ha sido aplaudida por unos, aquellos que esperan que con el reclamo de las fallas, los turistas adelanten la llegada a Gandia para vivir las fiestas josefinas a la vez que las de la Semana de Pasión, mientras que otros, no la han recibido con tanto júbilo, teniendo en cuenta que los falleros son casi todos cofrades y al revés, además de los que llevan un año esperando para vivir intensamente la Semana Santa y han visto cómo al solaparse actos, se han anulado algunos.

Hay quien ha aprovechado para pedir que se vuelva a abordar el cambio de fechas definitivas de las fallas, para que siempre caigan en fin de semana o incluso los que piden que la Semana Santa no dependa del calendario lunar para quedarse fija en unas fechas concretas.

Yo no soy partidaria de ninguno de estos cambios, a pesar de que reconozco que para la hostelería y el turismo sería mejor poder fijar ambas fechas para conseguir, en un caso, más afluencia de turistas y en otro caso, poder buscar mejor climatología, pero creo que en ambos casos, la tradición ha de prevalecer para preservar las fiestas.

Claro, que tal y como están las cosas, quizás éste sea solo el primer paso para lo que se ha venido a llamar la “dessacralización” de la Semana Santa, que me parece la más supina estupidez escuchada en mucho tiempo.

¿Cómo se le puede quitar el componente religioso a una festividad que se basa en el misterio de la Resurrección de Cristo, que es uno de los pilares fundamentales de la religión católica?

Esta nueva moda de renunciar a todo lo que tiene algo que ver con la religión, en un país que, pese a que les moleste a muchos, sigue siendo profundamente religioso, poco practicante pero muy creyente, es algo que deberían estudiar nuestros políticos y prestar mucha atención todos los que tenemos una Fe y unas creencias de las que no queremos renunciar.

Si quieren ustedes eliminar la Semana Santa, deberán proponerlo con todas sus consecuencias, pérdida de votos incluidas en esas consecuencias, pero tengan claro que jugar con las creencias y sentimientos de la multitud no puede quedar sin consecuencias, sobre todo cuando la ciudadanía no entendería que se le privara de una celebración tan arraigada como esta.

CARMEN BERZOSA