Septiembre marca pautas

Escrito por ondanaranjacope 11-09-2015 en Editorial. Comentarios (0)

Arranca nuevo curso y lo hace como todos los septiembre en todas sus múltiples parcelas. Atrás quedan las imágenes de uno de los veranos más calurosos que se recuerdan y ahora ante nosotros tenemos el inicio del curso escolar, del curso político, de la vuelta a la rutina, e incluso, con la mirada puesta ya en el próximo período de asueto. Sea como fuere, este curso escolar ha comenzado con las típicas estampas matutinas de lloros, ilusiones, miedos y, en rara ocasión, con ganas de regresar. Es la parte inocente de la vuelta al cole. En la otra cara de la moneda tenemos el enorme gasto y esfuerzo que supone que nuestros pequeños pongan de nuevo un pie en las aulas. Cada familia sabe de esto mucho más que yo, por eso no hace falta que les explique cuánto cuesta el mes de septiembre. Nada que envidiar a la cuesta de enero, más bien cuesta de septiembre.

En el plano político, el curso se presenta también bastante movido, tanto a nivel nacional como local. En unas semanas sabremos hacia dónde va la deriva de Artur Mas y su idea de que España limite al Oeste con Portugal y al Este con Catalunya. Más tarde nos llegará entremezclado con villancicos y casi con las uvas, el nuevo Gobierno de España.

Pero volviendo a septiembre, este inicio de curso político a nivel local ha estado pasado por agua. La enorme tromba caída en pocas horas durante la noche del jueves 3 al viernes 4 de septiembre ha vuelto a poner de manifiesto que las cosas no están bien hechas. Por todos. Unos por dejadez, otros por creer, y otros por construir donde no debían. Y como ocurre en estos casos: a lo hecho pecho. De nada sirve reclamar si los imbornales están obstruidos si resulta que vivimos en la vaguada de un río o en las proximidades de un barranco. Ya saben del dicho valenciano respecto que “a vora riu, no faces niu”. Y por mucho remedio que se le quiera plantear, por muchas culpas que se le quiera tirar al político de turno sea cual sea, uno debe asumir que contra la naturaleza nadie puede ir. Y a ésta, por mucho que nos pese, le da igual quién gobierne.

Me viene a la cabeza la gran avenida que hay en Benidorm, cuna internacional del turismo. Allí, les invito a que lo hagan, dejas caer una canica (esas bolas con las que algunos que tenemos cierta edad jugábamos en las calles) y la bolita rueda y rueda hasta llegar al gran balcón, hasta llegar al mar. Aquí, en nuestra querida y hermosa playa de Gandia, no se les ocurra echar una canica porque corren el serio peligro que les caiga encima o, como mal peor, les obstruya el desagüe. Vengo a decir esto porque cuando uno pasea por las calles de la playa se da cuenta que están construidas al revés. Les invito a que lo hagan. Verán como cualquier calle que da al paseo Marítimo Neptuno es de subida no de bajada. Si acceden por la calle Asturies, donde el Hotel Gandia, verán que suben a primera línea. Si lo hacen por la avenida del Nord, donde El Caldero, ocurre lo mismo. Y si llegan al final del paseo de la primera línea y siguen el tráfico verán que la calle es de bajada hacia Miquel’s Pan. O sea, lo contrario a lo natural. Pues ya me dirán qué puede ocurrir.

Cierto es que a lo mejor la culpa de estas calles la tenga que la playa de Gandia se cimentó en su época sobre humedales y ullals, lo que da una cierta morfología singular y característica. Pero alguien debía de ordenar este caos de construcción que se siguió permitiendo hasta hoy. Luego pasa lo que pasa. Y está claro que con la gran cantidad de agua que llovió en un instante nadie puede hacer nada, pero también es cierto que alguien debe hacer algo para mejorar la situación. Esto es, invertir y actuar para minimizar los daños a tenor de lo mal construida que está la playa.

A quienes solo replican que la culpa es de quienes aprovechando el boom inmobiliario de los 60, 70 y 80 se dedicaron a construir por debajo del nivel del mar, solo he de decirles que depende del cristal con  el que se mire. Circular por una carretera con agua del mar a ambos lados y adentrarte kilómetros asusta a cualquiera, pero más asusta saber cómo se ha ejecutado para que no se inunde. Es la pregunta que siempre me hago cuando piso Holanda. Será que son más inteligentes que nosotros o que les importa mucho más su territorio.

Harina de otro costal es las inundaciones en las calles nuevas de la playa, las remodeladas con el Plan ZP y que, comparándolas con otras, esas tienen cuatro días. Y ahí es donde viene el lío. No hay que olvidar que los miles de turistas y veraneantes de esa zona, entre Comics y el Hotel Tres Anclas, cuando llegan de la playa y se duchan, las aguas arrastran miligramos de arena que, una vez depositadas en las tuberías, sedimentan y pueden llevar a obstruir o recortar su caudal. Y eso sí que es tarea de quien gobierne el revisarlo. Si no por lo ocurrido ahora sí para evitar que ocurra.

Al final, de todo este desaguisado que han supuesto las inundaciones nos quedamos con dos imágenes: la colchoneta flotando por Comics y a Alfonso logrando reabrirlo al día siguiente. Ese debe ser el espíritu de septiembre. Bienvenidos a la realidad.

Miguel Pérez