Nunca es tarde

Escrito por ondanaranjacope 28-11-2014 en Editorial. Comentarios (0)

Dice el refrán que nunca es tarde si la dicha es buena, puede ser que sea así, pero a veces sí parece que las cosas llegan tarde, o al menos, que tardan demasiado en llegar y cuando lo hacen no satisface a todos.

Este es el caso del acuerdo que se ha firmado, por fin, esta semana entre el gobierno municipal, el sindicato UGT y las extrabajadoras de las Escoletes. Un acuerdo que, bienvenido sea, pero llega 3 años tarde.

Todo tiene sus aspectos positivos y  en este caso he de reconocer que son muchos, porque estamos hablando del final de un calvario personal para esas personas que han estado pendiendo de un hilo durante este año. También será positivo el ver cómo dejamos de perder el dinero que nos costaba a las arcas municipales el desacuerdo entre todas las partes, porque en esto, como en casi todo, los desacuerdos y errores los acabamos pagando siempre los mismos. Pero también tiene otros aspectos negativos, en este caso el pecuniario es uno de ellos, porque los litigios llevados a cabo, los salarios que se les tiene que abonar, etc., sale de las arcas municipales y por tanto nos afecta a todos de una u otra manera.  Eso sin dejar de lado la cuestión de la imagen, porque en la retina y los oídos de muchos quedan los actos, gritos, pancartas, etc., que hemos visto durante años en actos como la inauguración de la Universitat d’Estiu, que no pudo desarrollarse de forma adecuada por las protestas, los titulares en los periódicos y medios digitales que durante estos tres años nos han perseguido demostrando la imposibilidad de llegar a un acuerdo en un tema, que visto desde fuera tenía una única solución que no era otra que la del diálogo y el acuerdo. Pero claro, dialogar es complicado y acordar más porque en ambos casos supone que ambas partes han de estar predispuestas a ceder, al menos en parte y a reconocer que su verdad no es la verdad absoluta y que por tanto puede admitir cambios.

Qué ha cambiado ahora, qué es lo que hace que tras tres años de desencuentros, sentencias, recursos y broncas se consiga llegar a un acuerdo. No puedo dejar de pensar, por mucho que me digan que este acuerdo proviene de las negociaciones y el consenso, que los motivos fundamentales son dos, por un lado el hecho de que el paro se acaba, los ingresos también y hay que tomar una decisión rápidamente, pero por otro lado también hay que ver que las elecciones están cerca, y lo están para todos y a nadie le viene bien encontrarse delante de cualquier acto o convocatoria un cartel denunciando la situación en la que se ven por seguir los consejos de otras personas o por no haber cedido en algunos aspectos para llegar a un buen fin.

No sé de quién es la culpa del desencuentro, tengo claro que no ha podido ser de una parte solo, ambas parte, o las tres en este caso, han tenido su parte de culpa y su parte de razón, pero el calvario se ha alargado demasiado.

Con la crisis todos nos vimos obligados a repensar y replantear cuestiones laborales, cuestiones como las horas que hay que trabajar, el sueldo que cobramos, los conceptos por los que se cobra y los que dejan de percibirse por mucho que se sigan dando y en esta situación, parece que hay muchos sectores que no quieren verse incluidos, mejor dicho, que se niegan a ver la realidad como aquel que cerrando un ojo tapa el sol con su pulgar como si por no ver el sol éste ya no estuviera. Pero no, no es así, la situación es la que es y aunque he de reconocer que todos queremos evitar los recortes, la bajada de sueldo, el aumento del horario laboral, las responsabilidades y los trabajos que no van acompañados de remuneración, es algo que no puede afectar sólo a los trabajadores privados y no a los públicos, porque olvidamos con demasiada frecuencia que los funcionarios no son más que trabajadores públicos. Era necesario el recorte, era necesario el ajuste pero también era de justicia reconocer la antigüedad y el derecho a seguir en su trabajo a las personas.

Qué ha pasado, cómo se ha solucionado, por qué se da ahora el acuerdo y no antes, quién o qué ha mediado, son cuestiones que no parecen tan claras como algunos nos hacen ver, porque si al final, tal y como parece el acuerdo al que se ha llegado es la misma propuesta que se hizo por parte del gobierno al inicio del problema y que entonces se rechazó, alguien debería dar explicaciones e irse.


CARMEN BERZOSA