Blog de Onda Naranja Cope

Editorial semanal

Onda Naranja Cope 90.6FM (la Safor)

Y van dos…

Escrito por ondanaranjacope 01-06-2017 en Editorial. Comentarios (0)



Seguramente esto que hoy les voy a contar no debía ser noticia, porque a mi entender las administraciones públicas debían estar para facilitar la vida a sus administrados proporcionándoles las mejores calidades de vida posible, pero como ya saben todos nuestros lectores, esto no suele ser lo habitual.

Unas veces porque al final no dejamos de ser meros números que suman en un padrón municipal, otras porque para poder hacer caso de una queja, reclamación o petición de un ciudadano, hay que hacer tanto papeleo, gestión y expedientes, que al final se pierde la posibilidad de hacer nada en el tiempo adecuado.

En esta ocasión, la desesperación de una serie de vecinos hizo que hartos de sufrir una situación a todas luces injusta, decidieron recurrir a la denuncia pública, decidieron venir a la redacción para contarnos lo que les pasaba. Estaban pagando los recibos del agua potable, como cualquier hijo de vecino, pero a ellos, lo que les sale por el grifo no es agua potable, es agua. Sin más.

Cocinan con agua mineral, han de comprar agua mineral para cualquier uso habitual del líquido elemento para el que los demás solo tenemos que abrir el grifo, pero tienen que pagar por un servicio que no reciben, y además no lo están pagando barato.

Han sido años de quejas, denuncias, reclamaciones, pero lo cierto es que no les funcionaba nada. Ellos seguían pagando y comprando agua mineral sin que nadie les hiciera caso ni pusiera fin a esta situación. Por fin esta semana, tras tanta queja y denuncia, han recibido la primera noticia positiva, la Diputación Provincial de Valencia  reconoce que la situación que viven estos vecinos “pesados” no es de recibo y por tanto va a empezar a estudiar el caso para poner fin a tanta injusticia.

No, no se ha puesto una fecha para que el problema se solucione, no se sabe cuál va a ser la solución que se adopte, ni tampoco la fórmula para deshacer la injusticia, pero los vecinos están contentos. No porque vayan a dejar de comprar agua mineral de hoy para mañana, que no va a pasar, pero sí que están contentos porque por fin alguien les escucha, alguien más además de nosotros, que entendimos que su situación era injusta y clamaba justicia. Ahora la Diputación ha venido a decirles algo así como “tienen ustedes razón, no tienen que pagar por algo que no están percibiendo”.

Esta es la segunda denuncia que nuestros lectores/oyentes realizan a través de nuestros medios y obtiene respuesta por parte de la administración. No crean que es para estar orgullosos, porque no son las únicas denuncias que recibimos, aunque he de reconocer que sí nos hace sentir que se cumple una parte de nuestro cometido como medio de comunicación, ser la voz de todo aquel que considere que tiene algo que contar y sobre todo algo que denunciar con la esperanza de conseguir una solución.

Ojalá la respuesta a todas las situaciones injustas fuera la denuncia pública, porque aunque no sea la solución ideal, al menos sería una solución, aunque lo ideal sería que las cosas funcionaran mejor, que lo que a todas luces es injusto e incluso ilegal, como tener que pagar por un servicio que no recibes, como es la situación que nos ocupa, pagaban por un tratamiento de agua potable que no se recibía y en el propio recibo se reconocía que el nivel de nitratos era superior a lo permitido, pero por no pagar o reconocer que estaba mal, nadie quería hacerse cargo de la injusticia.


CARMEN BERZOSA

De ruidos y normativas

Escrito por ondanaranjacope 19-05-2017 en Editorial. Comentarios (0)


A veces parece que las cosas se repiten de manera cíclica e idéntica, pero no es así. Eso va a pasar este verano en la Playa de Gandia y todo gracias a las quejas y denuncias que una vecina presentó el pasado verano a través de este mismo periódico y nuestra emisora COPE Onda Naranja porque se estaban llevando a cabo obras en la Playa en pleno verano, obras que generaban un ruido que les impedía realizar una vida normal. No solo les resultaba prácticamente imposible dormir, mantener una conversación normal o incluso ver un rato la tele se convertía en algo casi imposible.

Ante el asombro de propios y extraños descubrimos que pese a que todo el mundo pensaba que Gandia tenía una normativa similar a la de otras localidades turísticas sobre las restricciones de obras en temporada alta, que no era así.

La polémica suscitada por aquella queja y situación kafkiana que se vivía en la Playa en verano obtuvo respuesta el pasado mes de diciembre al aprobarse una nueva normativa que, ahora sí, prohíbe las obras en periodo estival.

Toda moneda tiene dos caras y toda normativa ha de tener su excepción. Este caso no es diferente sobre todo si tenemos en cuenta que Gandia no solo es una ciudad que pretende ser turística, sino que además la mayoría de apartamentos de la Playa, la inmensa mayoría, no son turísticos, sino segundas residencias. Vamos, que sus propietarios solo los ocupan en verano, lo que significa que solo en verano pueden detectar los desperfectos o problemas que se dan en las viviendas con el paso del tiempo por el uso o el desuso, vamos, que solo pueden acometer las reparaciones o reformas cuando están en Gandia que es en el periodo vacacional.

Esto en principio también está contemplado en la norma, de tal manera, que las obras menores, siempre bajo una supervisión técnica, si cumplen con una serie de normas se van a poder desarrollar a partir de ahora, pero las que superen una serie de decibelios o impliquen la intervención de camiones o maquinaria pesada deberá esperar a que los turistas se vayan.

No debemos olvidar que somos un municipio turístico, que pretende ampliar el periodo de estancia de los turistas, o lo que es lo mismo, la desestacionalización turística, eso que es tan difícil de pronunciar y todavía más de conseguir, sobre todo para un destino que se basa fundamentalmente en una oferta de sol y playa.

No puedo evitar el pensar que la victoria de esta vecina no deja de ser pírrica, sobre todo porque nos expone a dos peligros. Por un lado a un técnico o funcionario tan extricto que no permita ningún tipo de obra en ningún piso, apartamento o local, lo que suponga una situación tan complicada que haga pensar al propietario que es mucho mejor no venir a Gandia que tener que enfrentarse a este tipo de molestias o por el contrario, el que aplique la normativa con tanta laxitud que se permita prácticamente todo tipo de obra y horario, con lo que estaríamos casi en la misma situación que la denunciada.

En esto, como en otras muchas cosas, en el centro está la virtud. Complicada tarea cuando son tantos los intereses económicos que se mezclan con la acción turística. Si al final conseguimos que la temporada turística no ocupe solo 5 ó 6 semanas al año, si vamos alargándola hasta conseguir que la misma vaya desde mayo hasta noviembre, la renovación necesaria de determinados edificios, instalaciones, viviendas o bloque va a ser prácticamente imposible, con lo que nos encontraríamos con serios problemas para mantener la calidad en la oferta.

Claro que también me resulta curioso a quién importó y afectó la queja de nuestra oyente y lectora, porque aquellos que claman contra el ruido provocado por el ocio, los veraneantes y locales comerciales, no se mostraron tan preocupados por lo que puede suponer convivir con obras durante un determinado periodo de tiempo.

Curioso

En todo caso, hoy lo que quiero es celebrar el espíritu de la norma y sobre todo, que en esta ocasión los medios de comunicación pudimos cumplir con una de nuestras misiones, ser la voz de los más pequeños para conseguir que sus reivindicaciones sean atendidas.


De motor y motores

Escrito por ondanaranjacope 05-05-2017 en Editorial. Comentarios (0)



Llegamos a la sexta edición de la Feria del Motor de Gandia y lo cierto es que pese a que han pasado solo 6 años desde que se pusiera en marcha, envuelta en una agria polémica, la primera edición, parece que es un evento ya plenamente consolidado, necesario y demandado tanto por el sector como por la ciudadanía en general.

Se nos ha colado de rondón como uno de los eventos fundamentales en el calendario de la ciudad, pese a lo que sigue habiendo algunos que además de desconfiar del evento siguen buscándoles los peros como intentando encontrarle defectos y pegas que justifiquen que la feria se acorte, se cambie, se elimine.

Me resulta incomprensible este tipo de actitudes, sobre todo en una ciudad que asegura querer ser capital de comarca y avanzadilla en todos los ámbitos. Una ciudad de servicios, que tiene como sector fundamental el turístico pero que también apuesta por otros como el comercio y que gracias a esta feria no solo incrementa las ventas en comercio u hostelería, sino que es capaz de cerrar, en tres días, operaciones por importe de 5 millones de euros, que se dice pronto.

Hablando de cifras y preparación de la feria, ha habido alguna persona que me ha dicho: “no entiendo por qué tantas facilidades y tanto revuelo, al final los que ganan son los propietarios”. Si a la gente le llega esa imagen es que algo no estamos haciendo bien.

Sí, le he dicho, puede parecer que los únicos que ganan son los propietarios de los concesionarios que ven cómo se incrementan las ventas de vehículos, pero si te paras a mirar con un poco de detenimiento y analizas la situación, a lo mejor resulta que la gente que viene a comprarse un coche a Gandia porque se ahorra mucho dinero, a lo mejor aprovecha y entra en alguna de las tiendas del Centro Histórico y compra alguno de sus productos, se toma algo en alguna de las cafeterías o restaurantes, incluso decide celebrar la compra quedándose a pasar el fin de semana o yendo a disfrutar de nuestra playa y sus locales.

Pero además, creo que la Feria ha dejado muchos más beneficios y sobre todo mucho más duraderos, ya que desde que hace seis años se apostó por organizar esta feria, el número de concesionarios de vehículos ha aumentado en Gandia, con lo que se ha contratado más personal para poder atenderlo, sin contar con que el sector se ha tenido que profesionalizar más y por tanto se ha convertido en un punto más de atracción de la ciudad.

Me parece que la feria se está convirtiendo en algo importante, no solo por el volumen de ventas en un fin de semana, sino porque, hablando del sector, celebrándose tan solo unos días antes de la feria de Barcelona, que es una de las emblemáticas del sector, Gandia se va a adelantar a la hora de presentar algunos modelos, que no se han visto hasta este fin de semana. Eso significa que mucha gente vendrá sólo para poder conocer y avanzarse a las novedades y sobre todo, que empezamos a tener la entidad suficiente como para que las grandes marcas confíen en que se puede presentar sus últimos modelos aquí.

Y todo esto en una ciudad que está lanzando una apuesta por el turismo de congresos, que podría ser no solo de congresos sino también de ferias, y se podría explorar la posibilidad de realizar un calendario, no solo de eventos culturales, sino también comerciales o similar, que nos permita seguir aumentando la afluencia de público, y a ser posible, el número de negocio en la ciudad.

Y todo esto, sin hablar que en estas fechas, en las que tanto se habla de paro y empleo de calidad, gracias a que la Feria ha hecho despegar un sector que ha permanecido silente pero fiel a Gandia, se ha podido comprobar cómo también se ha aumentado la contratación, fija y estable, en el sector de motor de Gandia, algo que también debería hacernos pensar sobre a quién y cómo beneficia la Feria del Motor de Gandia.


CARMEN BERZOSA

De Semana Santa

Escrito por ondanaranjacope 07-04-2017 en Editorial. Comentarios (0)


Llega la Semana Santa, unas fechas que para todos tienen mucho significado, aunque no para todos tiene el mismo.

Para los cristianos son los días más importantes de todo el año ya que se rememora la pasión, muerte y resurrección de Cristo, o lo que es lo mismo, uno de los misterios que dan sentido a la fe cristiana. En estos tiempos que corren no es fácil reconocerse cristiano y mucho menos si se es responsable con la fe y por tanto se observan una serie de preceptos que, desde hace un tiempo, están muy mal vistos por la sociedad en general.

No está de moda ser religioso, o mejor dicho, no está de moda ser cristiano ni católico y reconocerlo públicamente. Si uno dice que sigue los preceptos de la Iglesia, automáticamente es tachado de “carca” o incluso de intransigente e intolerante, algo que no ocurre si uno se declara seguidor de otra doctrina o religión. Todo porque parece que seguimos teniendo una serie de complejos absurdos que nos hace renegar de algo que es tan esencial para el ser humano como la religión.

No voy a caer en lo fácil que sería comparar el respeto o temor que muchos tienen a determinadas religiones o creencias frente al desprecio que muestran por otras, pero sí por el necesario respeto que debemos tener y mostrar todos por aquellos que quieren vivir y mostrar sus creencias religiosas y también a los que no quieren hacerlo.

Todo esto viene provocado por lo que me parece es un falso sentido de progresismo que mezcla en un totus revolutus la religión con la iglesia el estado y la historia, bien o mal contada, que para algunos se ha convertido en su propio evangelio o incluso en la letanía que se repite constantemente.

No seré yo quien diga que la Iglesia no tiene sombras, o que es perfecta, porque no lo es, sobre todo porque está formada por seres humanos, que somos lo más imperfecto que existe, pero de ahí a convertirla en culpable de todos los males, media un abismo.

Con la llegada de la Semana Santa, muchos se alegran porque llegan los primeros días de vacaciones que además son el preludio de las vacaciones de verano, pero otros lo hacen porque además de esos días festivos, tienen la oportunidad de vivir públicamente su fe y de compartir con los demás sus creencias.

Otra cosa es que esto se convierta en cuestión de Estado. Creo que la religión es fundamental en la vida de las personas, pero en el ámbito privado, por eso no me parece bien la politización de los actos religiosos, tampoco los de la Semana Santa, por más que creo que esta celebración sí ha de ser apoyada por las instituciones, pero no por el carácter religioso que tienen, sino porque además del aspecto espiritual, cuenta con otros aspecto mucho más banales, que son fundamentales para el sostenimiento económico y cultural de sociedades como la de Gandia o La Safor.

No, no me parece bien que nuestros políticos presidan las procesiones por imperativo, tampoco que no lo hagan por la misma imposición, creo que cada uno ha de ser libre para decidir si quiere participar de un acto tan significativo como una procesión religiosa, pero eso sí, independientemente de dicha participación, creo que sí debería recibir todo el apoyo una celebración como esta porque forma parte de nuestra cultura y tradición viva y hay que preservarlo, además de recordar el importante carácter cultural que tiene y por supuesto, no podemos olvidar la importancia turística que tiene la Semana Santa.

Soy partidaria de que cada uno viva la Semana Santa como considere, en plena libertad, disfrutando de la procesión, participando de los oficios o acudiendo a la playa, pero que lo haga sin imposiciones. Ni creo que fuera bueno cuando se obligaba a la gente a ayunar, rezar y guardar preceptos, ni me parece positivo que ahora se intente “criminalizar” a nadie porque sea religioso y quiera vivirlo públicamente aprovechando la Semana Santa, así que elijan ustedes cómo hacerlo. Si deciden hacerlo dejándose llevar por la religiosidad de las fechas, bienvenidos a la Safor, porque tenemos las mejores representaciones y expresiones de la Semana Santa y si deciden vivirla disfrutando de las vacaciones, ningún lugar mejor que nuestra comarca donde podrán disfrutar de playa, montaña y espacios naturales. En todo caso, sea cual sea su elección, espero que decidan vivir la Semana Santa con nosotros.

¡Feliz Semana Santa a todos!

De calendarios y promesas

Escrito por ondanaranjacope 24-03-2017 en Editorial. Comentarios (0)



Desgraciadamente no es la primera vez que asistimos a situaciones como la que recogemos hoy en portada, una infraestructura, más o menos importante, que antes de estar finalizada se inaugura o se promete su próxima inauguración y vemos cómo pasa el tiempo y no se cumplen las expectativas.
Primeras piedras de edificios que se han ido sucediendo una tras otra sin que el edificio acabe de ver la luz, o como en este caso sin que la plaza se acabe ni se dote de contenido a las casetas que allí hay.
Los vecinos, me consta, están hartos de ver cómo se les promete dotar de contenido la plaza pero eso no llega, lo que propicia que el espacio en lugar de ser utilizado en positivo, acabe siendo un punto negro para la convivencia dado que se han tenido que precintar las casetas para evita que fueran ocupadas.
Me parece lamentable que nuestros políticos sigan cayendo en la promesa fácil, siguiendo al pie de la letra aquél dicho de “prometer hasta meter y una vez metido, nada de lo prometido”, o lo que es lo mismo, nos toman por tontos, como si no tuviéramos memoria y lo que importa sea inaugurar, anunciar, prometer, y cumplir sea algo que no tiene importancia puesto que los ciudadanos no tenemos memoria. Aunque he de reconocer que muchos ciudadanos o no tienen memoria realmente, o les da igual las promesas incumplidas, porque “prefiero que me mientan los míos a que me mientan los de otros partidos”, sobre todo teniendo en cuenta que los ciudadanos están convencidos de que los políticos lo que más y mejor hacen es mentir.
Seguro que hay una explicación lógica y comprensible para tan gran retraso como el que se está sufriendo en esta plaza, algo muy grave dado que las casetas están hechas y al paso que vamos tendrán que volver a hacerlas o remodelarlas el día que definitivamente se decidan a abrirlas. No dudo de la realidad de la imposibilidad, pero creo que los ciudadanos merecemos, como mínimo una explicación pública del motivo por el que no se puede cumplir el anuncio que con tanto interés realizaron hace casi un año del “nuevo” destino de la plaza del Tirant.
Luego nos quejamos de que los políticos han perdido su prestigio, que los ciudadanos no se los creen o que es necesaria una nueva política, pero lo cierto es que esto de no dar explicaciones es algo bastante generalizado, por desgracia en casi todos los políticos.
La pasada semana pudimos ver en las fallas toda una serie de críticas a los políticos en todas las comisiones falleras. No hubo falla que no realizara crítica a los políticos, tanto en el ámbito local como nacional, y en casi todas las críticas coincidían dos aspectos, por un lado la habilidad de nuestros políticos para hacer de cualquier tema una cuestión de estado con la que tirarse los trastos a la cabeza unos a otros, y la capacidad con la que nos mienten o no nos cuentan toda la verdad, que es lo mismo que mentir a medias. Lo peor es que en ambos casos los podemos ver retratados y no causa ningún pudor, ni a los políticos ni a los ciudadanos que a fin de cuentas somos los que los sustentamos.
Las fallas creo que también deberían servir como barómetro político, para medir la temperatura de cada político, el nivel de credibilidad y también el nivel de conocimiento que la ciudadanía tiene de dicho político o lo que trasciende de él.
Afortunadamente no solo los políticos se han visto reflejados en las fallas, hay diversos personajes que también aparecen, incluso alguna comisión como Beniopa ha tenido a bien retratar en su monumento a algunos medios de comunicación como éste, lo que hemos recibido con humor y agrado.
Espero que no tengamos que dejar pasar un año para ver reflejado en las fallas el estado de la plaza del Tirant o similar.